Juan 13:1-17
y Pedro le dijo: Señor, ¿tú me lavas los pies?, respondió Jesús y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después. Pedro le dijo: No me lavarás los pies jamás. Jesús le respondió: SI no te lavare, no tendrás parte conmigo.
Este hombre era muy protocolar e impulsivo en su manera de vivir, todo debía ser de la forma que su parecer le indicaba, su rutina no podía ser alterada, no entendía como al maestro se le ocurrió la extraña idea de lavarles los pies en medio de la cena, celebrada a causa de la pascua, aquello que por muchos años recordaba su salida y liberación de Egipto, algo tan importante y que en ese momento, Jesús estaba interrumpiendo. Lo que el no lograba entender, a pesar de estos casi tres años, es que cada uno de los movimientos del Maestro, tenían un propósito que permanece para siempre, él buscaba conocer sus vidas, si bien, el hecho de lavar sus pies representaba una limpieza externa, él trabaja sanando el interior para luego cambiar el exterior. Quería conocer sus pasos, su andar, su entrar, su salir, y que mejor testigo que sus pies, hablan de cada uno de los lugares en que habían estado, registraban las heridas y la suciedad adquirida por su cercanía con la tierra, el dolor, el cansancio que se presenta al peregrinar.
Que reconfortante es para los pies, luego de un largo camino recibir un buen lavado, trae refrigerio, descanso, frescura, pero sobre todas estas cosas, Jesús estaba rompiendo su rutina, alterando lo que para ellos resultaba tan importante. Pedro no comprendía lo que el hacia, por lo cual interrumpe la obra que él quería hacer en su vida, y declara: No me lavarás los pies jamás.
Constantemente interrumpimos la obra que Jesús quiere hacer en nuestras vidas, él actúa de la forma que menos esperamos, con el propósito de quebrar nuestras rutinarias vidas, saliendo a nuestro encuentro en innumerables ocasiones, en todas estas , hemos dado la respuesta de Pedro ante el constante ofrecimiento que él nos entrega, y nuestra actitud declara: lo que tu intentas hacer en mi vida, no lo harás jamas, no lo necesito, ignoramos su inagotable trabajo para quebrar el esquema en el cual nos encontramos esclavos, la manera en que dependemos de las circunstancias, para poder recibir alguna variación un cambio en nuestro diario vivir. El se hizo esclavo y entrego como tal su vida en la cruz, para que por medio de su muerte recibiésemos libertad.
Así como lo hizo con Pedro, continua Jesús y nos responde:
Si no te lavare, no tendrás parte conmigo en El Reino, ante esto digo: Señor, no solo los pies, sino mis manos y mi cabeza.Busca lavar nuestros pies para quitar la suciedad que llevamos por estar en contacto con la tierra, conocer y entender nuestras vidas, nuestras dolencias, nuestro andar, borrar nuestras penas, hacer brillar nuestras alegrías, y logros, para dirigir nuestro vivir, entrando en el Evangelio, que es novedad de vida, pero no termina en que lave nuestros pies, no es solo externo, no es algo superficial, siempre busca algo profundo, para todo tiene un propósito, no solo debemos aceptarle y dejar que lave nuestros pies, además nos hace participe de esta gran labor, no solo debemos preocuparnos de nuestro lavado, o nuestro caminar, así como nos dio su ejemplo lavando nuestros pies, debemos hacer entre nosotros, preocuparnos de los de nuestra casa, nuestros amigos, vecinos y con todo aquel que tengamos a la mano, enseñarles lo que él ha hecho con nosotros, él quiere salvación no solo para nosotros, esta interesado en todos los que se encuentran a nuestro alcance, no podemos hacernos a un lado, en esta gran labor que hoy se nos entrega, somos responsable de ello, debemos dar por gracia, aquello que por gracia hemos recibido. Debemos entender que Dios le dijo a Pedro, deja que te lave los pies, porque tengo un propósito contigo. Tengo un propósito para con tu familia, pero te necesito para llevar a cavo mi propósito para con este mundo, hemos sido escogidos por Dios para anunciar su salvación, ya no rehuses a lo que él tiene programado, permite que se involucre en tu vida, quítate las sandalias sobre las que hoy te sostienes, levanta la túnica que ciega tus ojos y cubre tu corazón para que el pueda ver lo que hay en su interior, deja que se involucre en tu intimidad, que ensanche tu vista, que expanda tus horizontes, no toma en cuenta tu pasado, no le importa tu condición, no importa si tus pies hieden, no importa cuantas veces has caído, o si te consideras el mas pecador de todos, el mas desgraciado, que no mereces salvación, refresca tu vida en su lavado y restáurate en su salvación.
Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestro corazón.Sl 95:7-8.
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