lunes, 16 de noviembre de 2009

La Voz de uno que clama en el desierto.

26 Mas ¿qué salisteis a ver? ¿A un profeta? Sí, os digo, y más que profeta. 27 Este es de quien está escrito:
He aquí, envío mi mensajero delante de tu faz,
El cual preparará tu camino delante de ti.

Zacarias, sacerdote de la clase de Abías y su mujer Eizabeth de las hijas de Aaron, ambos eran justos delante de Dios, andaban irreprensibles en todos sus mandamientos y ordenanzas, pero no tenian hijo por que Elizabeth era esteríl, y veían dificíl que pudiesen tenerlo a causa de su avanzada edad.
Acontecio que mientras Zacarias ejercia el sacerdocio como era la costumbre, le toco ofrecer el incienso, y entrando en el santuario, un ángel del Señor se le apareció puesto en pie a la derecha del altar, y se turbó Zacarias, respondiendo el ángel dijo: no temas, pues tu oración ha sido oida, y tu mujer te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan. Y tendrás gozo y alegría, y muchos se regocijarán de su nacimiento; porque será grande delante de Dios. No beberá vino ni sidra, y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre. Y hará que muchos de los hijos de Israel se conviertan al Señor Dios de ellos. E irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y de los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto.

Es así, como en interminables ocaciones vemos a nuestra alma reflejada en Zacarias y nuestra carne, representada en Elizabeth. Porque decirlo de esta menera, es sencillo.
En nuestra manera de conducirnos delante de Dios alcanzamos ser irreprensibles delante de él, guardando sus mandamientos y ordenanzas, pero no vemos los frutos de esto en nuestra relación con el resto de las personas, es mas, a causa de nuestro celo mal dirigido nos vemos afrentados ante ellos, intentando imponer lo que Dios nos enseña que es correcto, debiendo hacer empatia, anulamos lo que Dios quiere hacer, y todo lo que hubiese producido fruto termina esteril.
Se encontraba Zacarias según su orden ejerciendo el sacerdocio, y como era la costumbre debia ofrecer el incienso, repentinamente un ángel del Señor se le aparecio y le hablo sobre lo que vendría sobre su vida y la de su esposa, una clara imagen de como somos delante de Dios, reyes y sacerdotes por la gracia de nuestro Señor, y se ha vuelto costumbre presentarnos en el templo para ofrecer incienso, nuestras oraciones, en donde en inumerables ocaciones Dios al igual que lo hizo con Zacarias, nos entrega un mensaje para que cambie nuestra vida.
El alma y la carne estan ligadas desde nuestra formación en el vientre de nuestra madre, pero sin que la voz de Dios venga sobre nuestras vidas y de un giro a la serie de costumbre en las que nos hemos tranzado, nuestra carne seguira siendo esteril, Dios promete salir a nuestro encuentro si permanecemos fiel a lo que el nos mando, aún en medio de su afrentada vida, Zacarias se encontraba en donde debia estar, ejerciendo su sacerdocio en el templo presentando su incienso. Es el pago que Dios da, ante la perseverancia, sale a nuestro encuentro para darnos la mejor de las noticias, quitará nuestra afrenta delante de los hombres, y nuestra carne dejará de ser esteríl, el fruto que nacera de esta unión debe llevar por nombre Juan, y traernos gozo y alegría, y que muchos se regocijen de su nacimiento.
El producto del trabajo entre el alma y la carne luego de recibir la voz de Dios para ser dirigidos, trae como resultado, que esta unión conciba y de a luz a Juan, imagen del ser espiritual, el cual necesita que el alma y la carne se rindan y sean dirigidos por Dios para crecer, desarrolarse, fortalecerce y luego manifestarse según él lo necesite.
Este ser de el cual somos responsables, trae gozo y alegría a nuestra vida, muchos se regocijarán de su nacimiento, hará que muchos de los hombres se conviertan al Señor. E irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y de los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto, traera dirección.
No es algo sencillo, o posible de ocultar, cuando Dios viene a nuestras vidas, tiene un proposito inimaginable, sus beneficios no solo son para quien escucha la palabra, sino para todos los que podamos alcanzar, el hecho de que los demas también se recocijen en el nacimiento de Juan, es por que es el responsable de prepar el camino para El Señor, nuestro trabajo es cuidar de el, por que detras de él viene el regocijo, nuesto espíritu es importante para Dios, somo seres esclusivos, es por eso que cuando sale a nuestro encuentro nos llama por nuestros nombres, para llenarnos de su espíritu. Por el trabajo de Juan, muchos se convertirán a Dios, y su trabajo hará volver los corazones de los padres a los hijos, y de los rebeldes a la prudencia de los justos, prepara el Señor un pueblo bien dispuesto.
Llevamos en nuestro interior la voz de uno que clama en el desierto, el cual prepara el camino para que venga sobre nosotros nuestro Señor Jesucristo, es el quien clama Abba Padre.

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